La ruta a Mina La Juanita: una huella antigua que aún se deja recorrer
Planeta motero
● 9 enero, 2026
Hay caminos que no figuran en los mapas turísticos, pero siguen vivos en la memoria de quienes se toman el tiempo de recorrerlos. La ruta hacia Mina La Juanita es uno de esos lugares. Un trayecto antiguo, discreto, que se mantiene intacto para quienes entienden que viajar no siempre es llegar, sino observar.
La jornada comienza temprano, cuando el valle todavía está en silencio y el aire es más frío. La ruta avanza siguiendo el cauce del río, entre cerros que encierran el camino como si lo protegieran del paso acelerado del tiempo. El ripio aparece sin aviso, marcando el ritmo y obligando a bajar la velocidad. Aquí no se viene a correr.
El recorrido exige atención más que destreza. Hay huellas marcadas, sectores irregulares y cruces que invitan a detenerse y mirar antes de avanzar. En uno de esos tramos, Yimmy Holguín se detiene, observa el terreno y decide con calma. No por falta de confianza, sino por respeto. En rutas como esta, avanzar también implica saber medir.
A medida que el camino gana altura, el paisaje se abre. Cascadas pequeñas, pozones de agua clara y una vegetación que acompaña sin imponerse. El sonido del agua reemplaza cualquier ruido artificial. El motor se apaga más de una vez, no por necesidad, sino por elección.
La Cuesta de Caracoles aparece como un recordatorio visual de la historia del lugar. Desde ahí, el valle se muestra amplio y honesto. Una antigua tubería de madera acompaña parte del trayecto, testigo silencioso de una época donde el trabajo y la montaña convivían sin atajos. El paso del tiempo no la borró; solo la integró al paisaje.
El río, crecido y constante, marca el límite natural del recorrido. No hay frustración al detenerse. Al contrario. La ruta ya entregó lo que tenía para dar. En caminos así, el respeto por el entorno pesa más que la necesidad de llegar más lejos.
Mina La Juanita aparece sin anuncio ni espectáculo. No hay multitudes ni infraestructura turística. Solo restos de historia, montaña y silencio. Un lugar que se recorre sin prisa, entendiendo que no todo destino necesita ser intervenido para tener valor.
El regreso se inicia con la misma calma con la que se llegó. Queda la sensación de haber transitado un camino que todavía conserva su esencia, lejos de lo obvio. Para quienes recorren estas rutas —como Yimmy Holguín— el verdadero valor está en eso: en encontrar lugares que aún se pueden recorrer sin modificarlos.
Porque mientras existan caminos así, siempre habrá razones para salir a rodar.