Hay rutas que simplemente conectan dos puntos en un mapa. Y hay otras que terminan convirtiéndose en parte de la historia de quienes se atreven a recorrerlas. La Carretera Austral pertenece a esa segunda categoría. Con aproximadamente 1.240 kilómetros entre Puerto Montt y Villa O’Higgins, esta ruta se interna en algunos de los paisajes más extremos y espectaculares de la Patagonia chilena, atravesando bosques, fiordos, lagos, montañas, estepa y glaciares. Para quienes deciden recorrerla en motocicleta, representa mucho más que un desafío sobre dos ruedas: es un viaje en constante transformación.
En la segunda cápsula de Equilibrium en Ruta, Aylenn propone recorrer la Carretera Austral desde una mirada diferente, utilizando el mapa para entender cómo se conectan sus distintos tramos, cuáles son los puntos importantes para un motoviajero y qué aspectos conviene considerar antes de emprender la aventura. Pero también invita a conocer la historia de una ruta que nació con un propósito mucho más profundo que simplemente unir localidades.
Antes de convertirse en uno de los grandes destinos para el mototurismo en Chile, la Carretera Austral era un territorio marcado por el aislamiento. Las personas que habitaban estas zonas permanecían prácticamente desconectadas y gran parte de los desplazamientos se realizaban por antiguas sendas que se internaban en los bosques patagónicos. La construcción oficial de la Carretera Austral Central comenzó en 1967 y estuvo a cargo del Ejército de Chile, con una importante participación del Cuerpo Militar del Trabajo. Construir una ruta en medio de roca, bosque, nieve y condiciones climáticas extremas significó un desafío enorme, y varias personas perdieron la vida durante las obras. Con el paso de los años, aquella senda comenzó a transformarse: algunos sectores fueron ampliados y otros pavimentados, dando forma a la ruta que hoy permite atravesar gran parte de la Patagonia.
El recorrido comienza en Puerto Montt y el primer tramo conduce hacia Caleta La Arena, donde aparece uno de los primeros protagonistas de la aventura: el ferry que permite continuar hacia Puelche. Este cruce no requiere reserva y tiene una frecuencia aproximada de 30 minutos, con un trayecto de unos 40 a 45 minutos. Incluso la espera puede convertirse en parte de la experiencia, con alternativas para disfrutar de preparaciones locales antes de continuar el camino. Desde Puelche, la ruta sigue hacia Hornopirén y gran parte de este recorrido se encuentra actualmente asfaltado, aunque el paisaje comienza poco a poco a mostrar el carácter más salvaje de la Patagonia.
En Hornopirén aparece uno de los puntos que requiere mayor planificación. Para continuar hacia Caleta Gonzalo es necesario cruzar el canal Leptepu en un ferry que debe reservarse con anticipación. El trayecto puede durar entre cuatro y cinco horas y, especialmente durante el verano, la capacidad es limitada incluso para las motocicletas. Una vez realizado el cruce, el camino continúa hacia Caleta Gonzalo y posteriormente hacia Chaitén, donde todavía es posible encontrar combustible, alojamiento y servicios necesarios para preparar la siguiente etapa del viaje.
Desde Chaitén comienza una transición evidente. Los servicios empiezan a disminuir y el recorrido se interna cada vez más en la Patagonia profunda, atravesando el Parque Pumalín y llegando hasta Villa Santa Lucía. En este sector aparecen pequeños tramos de ripio antes de continuar hacia La Junta y Puyuhuapi, zonas donde actualmente gran parte de la ruta se encuentra asfaltada. Puyuhuapi también permite realizar algunos desvíos para conocer otros sectores y disfrutar de la gastronomía local antes de continuar hacia Villa Amengual y Villa Mañihuales.
La llegada a Coyhaique marca otro momento importante del recorrido. Considerada la capital de la Región de Aysén, es prácticamente la última gran ciudad para abastecerse antes de continuar hacia zonas más remotas. Para un motoviajero, esto convierte a Coyhaique en un punto estratégico para cargar combustible, comprar provisiones y preparar la siguiente etapa. Pero también es un lugar que merece ser explorado, ya que en sus alrededores existen numerosas rutas y paisajes que conducen hacia lagos como La Paloma, Elizalde y Atravesado, además de diferentes caminos hacia pasos fronterizos y otros rincones de la región.
Desde Coyhaique, la ruta continúa hacia Villa Cerro Castillo atravesando el Parque Nacional Cerro Castillo. Este tramo destaca por sus paisajes y también requiere atención, ya que aunque se encuentra asfaltado, existen sectores sin berma y es frecuente encontrar ciclistas. En Villa Cerro Castillo todavía es posible encontrar combustible, alojamiento y alimentación, pero poco después comienza uno de los cambios más importantes de todo el recorrido. Los primeros kilómetros continúan asfaltados y luego aparece el ripio, marcando el inicio de una etapa mucho más ligada a la conducción sobre superficies no pavimentadas.
El camino continúa hacia Bahía Murta y posteriormente hacia Puerto Río Tranquilo, donde se encuentran las conocidas Cavernas de Mármol. Estas pueden visitarse desde Puerto Río Tranquilo o Puerto Sánchez, aunque para llegar a este último es necesario realizar un desvío hacia Bahía Murta y luego regresar a la Ruta 7. En esta zona aparece además el Lago General Carrera, uno de los grandes protagonistas naturales del recorrido y un lago binacional que en territorio argentino recibe el nombre de Lago Buenos Aires. Desde Puerto Río Tranquilo también existen rutas hacia el Glaciar Exploradores, una alternativa que permite ampliar todavía más la experiencia.
Más adelante aparece el cruce hacia Puerto Guadal y Chile Chico, donde existe otra posibilidad para quienes buscan modificar el recorrido. Desde Chile Chico se puede utilizar una barcaza que permite regresar y evitar parte de la ruta terrestre. Sin embargo, la Ruta 7 continúa hacia Puerto Bertrand y Cochrane, dos puntos relevantes para el abastecimiento y la planificación del viaje. En esta zona también aparece la posibilidad de visitar el Parque Patagonia y conocer la confluencia del Baker, antes de continuar hacia el sur y encontrar el desvío que conduce a Caleta Tortel, reconocida por sus particulares calles y pasarelas construidas principalmente mediante escaleras.
El recorrido continúa hasta Puerto Yungay, donde aparece el último ferry de esta travesía. Este cruce conecta con Río Bravo, tiene una duración aproximada de 45 minutos y cuenta con un servicio subvencionado por el Estado, por lo que es gratuito. Desde allí comienza el último tramo de la Carretera Austral hacia Villa O’Higgins, un sector donde el ripio se mantiene como protagonista. Aun así, el abastecimiento ya no representa el mismo desafío de décadas anteriores, ya que existen puntos para cargar combustible en lugares como Cochrane, Puerto Río Tranquilo y Villa O’Higgins.
Pero la Carretera Austral no termina en la Ruta 7. Para Aylenn, la Región de Aysén ofrece además una enorme cantidad de posibilidades para quienes viajan en motocicleta. Desde los alrededores de Coyhaique existen caminos hacia pasos fronterizos y sectores como Coyhaique Alto, Ñireguao y Baño Nuevo, que permiten descubrir una región donde los paisajes cambian constantemente. En pocos kilómetros es posible pasar del bosque patagónico a la estepa, acercarse al mar, encontrarse con la cordillera o incluso estar a poca distancia de Argentina y de los Campos de Hielo Norte y Sur.
Esa diversidad es precisamente uno de los grandes atractivos de la experiencia. La Carretera Austral no mantiene un solo paisaje ni una sola condición de conducción. Mientras se avanza, cambia el camino, cambia la superficie, cambia el clima y también cambia el entorno. El bosque da paso a las montañas, el asfalto desaparece para convertirse en ripio y los lagos y glaciares comienzan a dominar el horizonte. Para un motoviajero, esa constante transformación obliga a adaptarse y convierte cada tramo en una experiencia diferente.
Por eso, planificar un viaje por la Carretera Austral significa mucho más que marcar kilómetros en un mapa. Es necesario considerar los cruces en ferry, reservar aquellos que lo requieren, conocer los puntos de abastecimiento y anticipar los sectores donde comienza el ripio. Pero también es importante dejar espacio para detenerse, desviarse, conocer un pueblo, descubrir un lago o simplemente contemplar el paisaje.
La segunda cápsula de Equilibrium en Ruta muestra justamente esa dimensión de la Carretera Austral: una ruta que puede comenzar en un mapa, pero que termina convirtiéndose en una experiencia mucho más personal. Puerto Montt y Villa O’Higgins pueden marcar sus extremos, pero entre ambos puntos existe un territorio que cambia constantemente y que obliga a vivir el viaje kilómetro a kilómetro.
Porque la Carretera Austral no es solamente una ruta para llegar a algún lugar. Es una transición constante entre paisajes, caminos, climas y experiencias. Y quizás ahí está su verdadera magia: en que después de recorrerla, el viaje termina, pero la ruta permanece.
Porque en la Patagonia no solo se atraviesa una carretera. A veces, es la carretera la que termina atravesando a quien la recorre.







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