Hay rutas que se disfrutan por sus paisajes, otras por la emoción de conducir y algunas que terminan convirtiéndose en historias inolvidables por todo lo que sucede en el camino. Para Javier Valenzuela, la nueva motoaventura por el sur de Chile reunió un poco de todo: caminos rodeados de verde, paisajes que invitaban a detenerse a contemplar, decenas de motociclistas compartiendo la misma pasión y, por supuesto, esos momentos inesperados que hacen que una salida en moto sea mucho más que recorrer kilómetros. Esta vez, el destino fue la Cordillera del Zarao, uno de los últimos tramos de la Cordillera de la Costa antes de llegar al canal de Chacao y a la isla de Chiloé. La misión era recorrer cerca de 200 kilómetros por las comunas de Fresia, Llanquihue, Puerto Varas y Los Muermos, en una jornada organizada por Baqueanos, un club de motos trail de Puerto Montt. Lo que prometía ser una ruta escénica para descubrir nuevos caminos terminó incluyendo un ingrediente que ningún motociclista puede descartar cuando sale a explorar: ¡perderse en el camino!
Una salida con casi 100 motociclistas y dos formas de vivir la aventura
La jornada comenzó con la expectativa propia de los grandes encuentros moteros. Cerca de 100 pilotos se reunieron en las inmediaciones de Puerto Varas para participar en una actividad que contemplaba dos alternativas: una ruta on-road, pensada para quienes preferían disfrutar del asfalto y los paisajes del lago Llanquihue, y otra off-road, destinada a quienes buscaban abandonar la comodidad del pavimento para adentrarse en caminos de tierra. Javier Valenzuela, fiel a su espíritu aventurero, eligió la segunda opción. Junto a él se encontraba el conocido grupo de creadores de contenido con quienes había compartido otras experiencias, entre ellos Johnny, de Seguimos Ruta; Miguel, de Moto Paisajes; y Marcos, de Mototrail. La idea era disfrutar de una jornada diferente, conocer lugares nuevos y compartir la pasión por las motocicletas trail en una zona que tenía mucho por ofrecer.
Antes de partir, Javier se preparó para enfrentar las condiciones propias de una ruta de este tipo. En su bolso de estanque llevaba ropa impermeable, incluyendo chaqueta y pantalón Clover, un equipo que ya llevaba utilizando durante cuatro o cinco años y que seguía acompañándolo en sus aventuras. También transportaba su dron Neo 2, listo para capturar desde el aire los paisajes que encontraría durante el recorrido. Porque para Javier, una motoaventura no consiste solamente en llegar a un destino: también significa registrar esos lugares que muchas personas quizás nunca tendrán la oportunidad de conocer, compartir la experiencia y transmitir, a través de sus videos, las sensaciones de viajar sobre dos ruedas.
El punto de encuentro fue la cervecería Chester, donde los participantes se prepararon para iniciar la jornada. Después de las indicaciones iniciales, los grupos comenzaron a organizarse y llegó el momento de ponerse el casco, encender los motores y salir a descubrir una ruta que para Javier era prácticamente desconocida.
El sur de Chile: caminos verdes, campos y paisajes que enamoran
Los primeros kilómetros fueron una invitación a disfrutar sin apuro. Antes de llegar a los sectores de tierra, el grupo debió completar un tramo de enlace que permitió apreciar el entorno rural del sur de Chile. A ambos lados del camino aparecían campos verdes, animales pastando y pequeñas localidades que parecían avanzar a un ritmo completamente distinto al de la ciudad. El paisaje tenía ese encanto tan característico del sur: vegetación abundante, construcciones tradicionales y una tranquilidad que convierte cualquier recorrido en una experiencia especial.
Javier no tardó en dejar claro cuánto disfrutaba de aquel entorno. Una iglesia llamó su atención y se convirtió en una de las primeras sorpresas del recorrido. La ruta era nueva para él, y precisamente ahí estaba parte de su atractivo: descubrir caminos que no habría conocido de otra manera. El clima acompañaba, la temperatura era agradable y todo parecía estar alineado para disfrutar de una jornada perfecta sobre la motocicleta.
Cuando finalmente apareció la tierra, la aventura comenzó a tomar el rumbo que el grupo estaba esperando. Las superficies cambiaron, aparecieron algunas piedras y el recorrido empezó a exigir una conducción diferente. Sin embargo, el ambiente seguía siendo distendido y los paisajes continuaban robándose las miradas. Javier se mostró encantado con el verde de los campos y con esa mezcla de naturaleza, caminos rurales y libertad que convierte al sur chileno en uno de los escenarios más atractivos para el motociclismo de aventura.
Para él, el sur tiene una magia difícil de reemplazar. Aunque reconoce que el norte de Chile también posee atractivos propios, su preferencia por los paisajes sureños quedó más que clara durante la ruta. Y no se trataba solamente de las vistas: también estaban los aromas del campo, la presencia de las vacas y esa sensación de estar lejos de la rutina, recorriendo lugares donde cada curva puede revelar un paisaje diferente.
¡Nos perdimos! Cuando seguir al grupo se convierte en parte de la aventura
Pero no todo podía ser contemplar el paisaje y disfrutar del camino. En una ruta que reunía a decenas de motociclistas, la navegación también tenía un papel fundamental, y fue precisamente ahí donde comenzó uno de los episodios más entretenidos de la jornada.
En medio del recorrido, parte del grupo tomó una dirección equivocada y continuó avanzando por un camino que no correspondía. Javier terminó siguiendo a algunos de los pilotos y, sin darse cuenta, también se desvió de la ruta prevista. Lo curioso es que él estaba convencido de que había revisado correctamente el mapa y que el error debía estar en los demás. Desde su perspectiva, el camino elegido tenía sentido; el problema, aparentemente, era que el resto del grupo se había equivocado.
La situación comenzó a complicarse cuando dejó de encontrar a los demás motociclistas. Por momentos, Javier avanzaba solo, intentando recuperar posiciones y mantener a la vista al guía que podía devolverlo al recorrido correcto. La incertidumbre aumentaba, porque en una ruta desconocida no basta con acelerar para recuperar distancia: también hay que asegurarse de estar avanzando en la dirección adecuada.
A diferencia de otros pilotos, Javier no llevaba el mapa instalado en el soporte de la motocicleta. Prefería mantener su teléfono guardado en el bolso del manillar, ya que también lo utilizaba para grabar y quería evitar que las vibraciones afectaran la cámara. Por eso, en esta ocasión, buena parte de su estrategia consistía en seguir a alguien que conociera la navegación y pudiera guiar al grupo.
Y, como si la situación no fuera suficientemente complicada, había otro problema mucho más urgente: Javier llevaba un buen rato con ganas de detenerse a hacer una pausa, pero temía que separarse del grupo significara perder definitivamente la ruta. En plena aventura, incluso las necesidades más cotidianas pueden convertirse en un pequeño dilema logístico.
Finalmente, el reencuentro con Johnny ayudó a resolver parte del problema. Ambos pudieron detenerse un momento antes de continuar, mientras la ruta volvía a encaminarse. La escena dejó uno de esos episodios espontáneos que hacen que los videos de motoaventura sean tan entretenidos: no siempre se trata de superar obstáculos extremos; a veces, basta con perderse, intentar encontrar al grupo y descubrir que los demás tampoco tienen todo bajo control.
Una ruta que sorprendía en cada curva
Una vez superado el desvío, el grupo volvió a concentrarse en lo importante: disfrutar del recorrido. El paisaje seguía ofreciendo postales espectaculares y cada nuevo tramo revelaba lugares que Javier no conocía. Precisamente, uno de los grandes atractivos de participar en rutas organizadas es la posibilidad de descubrir caminos que difícilmente aparecerían en los recorridos habituales de un motociclista.
Javier destacó el valor de estas actividades, agradeciendo a quienes hacen posible que los pilotos puedan conocer nuevos lugares y compartir experiencias. También reconoció la labor de Baqueanos por organizar el encuentro y por dar espacio a los creadores de contenido que muestran estas rutas al público. Sus videos permiten que otras personas descubran paisajes, caminos y experiencias que, por vivir lejos de la zona o no contar con una motocicleta adecuada, quizás nunca podrían conocer personalmente.
La ruta continuó entre sectores rurales, vegetación abundante y caminos que invitaban a disfrutar de la conducción. En algunos puntos, el grupo se detenía para observar el entorno, conversar y recuperar energías antes de seguir. No todo era acelerar: también había tiempo para apreciar el paisaje, compartir impresiones y disfrutar de la compañía de otros motociclistas que entendían perfectamente esa necesidad de salir a explorar.
Uno de los lugares más destacados fue el Mirador del Valle de la Cordillera del Zarao, un punto panorámico que permitió hacer una pausa para descansar y contemplar el entorno. El mirador se encuentra en un sector de gran valor paisajístico, en esta porción de la Cordillera de la Costa que constituye uno de los últimos bastiones costeros antes del canal de Chacao. Allí, los pilotos tuvieron aproximadamente media hora para conversar, disfrutar del lugar y prepararse para continuar.
El nombre de la cordillera está relacionado con Juan Zaraoz, quien poseía un extenso fundo en ese sector a mediados del siglo XIX. Más allá de la referencia histórica, el mirador se convirtió en uno de esos puntos donde la ruta invita a bajar el ritmo y recordar que el viaje también se disfruta cuando la motocicleta está detenida.
Entre caminos rurales, vacas y nuevas sorpresas
Después de la pausa, los motores volvieron a encenderse y el grupo retomó el recorrido. La jornada seguía desarrollándose con buenas condiciones climáticas y un ambiente que Javier describía como ideal para salir en moto. La temperatura era agradable y el paisaje continuaba siendo protagonista, aunque la ruta todavía tenía algunas sorpresas reservadas.
Durante el trayecto, los motociclistas volvieron a experimentar pequeños momentos de confusión con el camino, recordando que incluso una ruta organizada puede presentar desvíos y situaciones inesperadas. En otros sectores, el recorrido avanzaba sin mayores complicaciones, permitiendo disfrutar de la conducción y del entorno rural.
Las vacas, que observaban el paso de las motocicletas desde los campos, se convirtieron en espectadoras involuntarias de aquella caravana. Para quienes viven en la ciudad, estas escenas pueden parecer simples detalles; para Javier, forman parte del encanto de recorrer el sur de Chile. La aventura está hecha de grandes paisajes, pero también de pequeños momentos que terminan dándole personalidad a cada viaje.
En medio de la jornada, el grupo debió detenerse después de que uno de los pilotos sufriera una caída. La situación obligó a prestar atención a lo ocurrido y revisar las circunstancias antes de continuar. Este tipo de episodios recuerda que, aunque el ambiente sea distendido y el recorrido parezca sencillo, la conducción en grupo requiere concentración y respeto por las condiciones del camino. Una ruta puede cambiar rápidamente y lo más importante siempre es que los participantes puedan continuar de manera segura.
Mientras se desarrollaba la pausa, Javier aprovechó para observar otras motocicletas. Una de ellas llamó especialmente su atención por su diseño y color, hasta el punto de comentar que, si llegara a comprar un modelo así, elegiría precisamente esa combinación. Es otro detalle que refleja una de las características de las reuniones moteras: además de conducir, también son una oportunidad para conocer máquinas diferentes, intercambiar opiniones y descubrir modelos que despiertan nuevas curiosidades.
El regreso a Chester: la ruta termina, pero la camaradería continúa
Con el paso de las horas, la ruta comenzó a acercarse a su final. El grupo atravesó nuevos sectores rurales y pasó junto a otra iglesia que llamó la atención de Javier: la Parroquia San José de Yanquihue. Una vez más, la arquitectura y el entorno demostraron que las rutas por el sur de Chile ofrecen mucho más que caminos para conducir.
Finalmente, los motociclistas regresaron a la cervecería Chester, el mismo punto donde había comenzado la jornada. Allí se dio por terminada la ruta, pero no la experiencia. Después de los kilómetros recorridos, las equivocaciones de navegación, las pausas y los paisajes descubiertos, llegaba el momento de compartir una cerveza, comer algo y conversar sobre todo lo vivido.
Porque una motoaventura no termina necesariamente cuando se apaga el motor. Muchas veces, los mejores recuerdos aparecen durante esas conversaciones posteriores, cuando cada piloto cuenta lo que vio, recuerda algún momento divertido o comenta las dificultades que encontró en el camino. La camaradería es parte esencial de estas actividades y convierte una salida en moto en una experiencia compartida.
Para Javier Valenzuela, la jornada dejó una nueva colección de lugares por descubrir y anécdotas que contar. La Cordillera del Zarao le permitió recorrer una zona desconocida, disfrutar de los paisajes del sur y compartir kilómetros con otros apasionados por las motocicletas trail. Y, por supuesto, también le recordó que tener el mapa revisado no garantiza que uno nunca vaya a equivocarse de camino.
Al final, entre los casi 100 participantes, los kilómetros recorridos y los paisajes que quedaron registrados, la aventura demostró que las mejores rutas no siempre son aquellas en las que todo sale según lo planeado. A veces, perderse también forma parte del viaje. Lo importante es mantener la calma, encontrar nuevamente el camino y disfrutar de cada experiencia que aparece sobre dos ruedas.
Porque en el motociclismo de aventura, el destino importa, pero lo que sucede entre la salida y el regreso es lo que realmente construye la historia. Y si en el camino hay paisajes espectaculares, amigos, una buena dosis de humor y algún que otro desvío inesperado, entonces la ruta ya habrá valido la pena.







Sé el primero en comentar.